Cómo armar una perfecta tabla de quesos

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La tabla de quesos es un aperitivo muy útil para entretener a los invitados. En ocasiones, podemos recurrir a algunos alimentos preparados que encontramos en los supermercados habituales, pero si queremos que el menú sea mejor, más cauteloso y más efectivo, entonces también debemos elegir cada alimento. Queremos consumir queso.
Todos los factores de los que vamos a hablar a continuación son importantes para formar nuestra tabla de quesos perfecta y triunfar con nuestros invitados.

Número de variedades:

Nuestros huéspedes esperan encontrar un número razonable de variedades diferentes en la tabla de quesos, pero no demasiadas. Para lograr un equilibrio, la cantidad ideal es de seis u ocho tipos de queso. En cualquier caso, no deberíamos exceder los diez tipos diferentes, o mantener el tiempo demasiado corto. Dos o tres variedades no pueden considerarse tablas de quesos. Para evaluar si añadir más o menos, además de la cantidad de comida que se prepara como plato principal, también podemos considerar si es un aperitivo o un postre. Si crees que el plato principal es demasiado ligero, juega con el estómago de los comensales para hacer una tabla de quesos más completa.

Tipo de queso:

Hay casi tantos tipos de queso como tipos de sabor. No existe una fórmula mágica para elegir aquellas fórmulas que serán parte de la tabla, pero debes considerar las variantes existentes y combinarlas entre sí. La forma ideal es dividir uniformemente entre queso azul, queso duro, queso tierno y queso curado. Por ejemplo, si nuestra tabla va a estar compuesta por 8 variedades, podemos elegir dos quesos de cada tipo. Por ejemplo, Gruyer, Manchego, Brie, Cammbert, Parmigiano, Pecorino, Gorgonzo La (gorgonzola) y Cabrales (cabrales). También podemos jugar con las variedades de queso según el tipo de leche de procedencia: cabra, oveja o vaca. Intente crear una combinación que sea muy adecuada entre sí, pero al mismo tiempo proporcione suficientes sabores diferentes para el gusto en términos de textura y sabor. Por ejemplo, el queso Roquefort es una experiencia completamente diferente al queso manchego antiguo.

Orden:

Ya sabemos la cantidad y variedad que queremos elegir. No debemos olvidar que la forma en que se colocan (y se comen) también afectará al éxito de la tabla de quesos perfecta. Para nosotros la mejor opción es cambiarlos de los más suaves a los más fuertes, para que ningún otro sabor quede eclipsado. Por lo tanto, podemos dar rienda suelta a su intensidad, y ninguno de ellos robará el foco de atención de la próxima luz. Es importante también paladearlo y beber agua o vino entre una variedad y otra para que no se contaminen los sabores. También podemos servir pequeños dados de manzana para ‘limpiar’ el paladar.

Acompañamiento:

No importa qué plato principal o postre elijamos, la tabla de quesos debe ir acompañada de su propio acompañamiento para disfrutar de todo su sabor. Ya sea pan de masa fina para los quesos más cremoso o más duro, el pan de masa fina es la mejor opción. Para los quesos dulces, también podemos añadir galletas, frutos secos o incluso frutas, como uvas. En cuanto a la bebida que conviene maridar con nuestra tabla de quesos perfecta, normalmente podemos seguir esta regla: cuanto menos intenso sea el sabor, más suave debe ser el vino. Por ejemplo, el queso brie y el vino blanco combinan bien, y para el manchego o el queso cheddar, elegiremos el mejor tinto de nuestra bodega personal en la medida de lo posible. La elección del vino resulta más complicada cuando estamos ante una tabla de quesos, ya que probaremos diferentes texturas y sabores. Para no arriesgar demasiado y acertar con todos, podemos elegir los espumosos, un clásico que nunca falla.

Presentación:

Por último, no olvide que las presentaciones son cruciales en el mundo culinario. Una mesa vestida, platos y cubiertos cuidadosamente distribuidos, así como algunos elementos que ayudan a mejorar la imagen final (las velas y las flores son imprescindibles). En cuanto al aspecto de la propia tabla de quesos, podemos optar por una bandeja rectangular o circular. En el segundo caso, deberíamos definir el punto de inicio de la cata de cierta forma, como si fuera un reloj. A las 10 en punto, comenzamos con el queso más suave, ya las 11 en punto, comenzamos con el queso más fuerte. De esta forma, los comensales conocen el ritmo que deben marcar y el orden en el que obtener cada queso. En el medio, o en un recipiente pequeño junto a la bandeja, dejaremos el acompañamiento (frutas, frutos secos, pasas, bizcochos, pan …).

Momento del servicio:

La tabla de quesos se puede utilizar como aperitivo, también se puede resaltar en la mesa, o se puede utilizar como complemento del plato principal y comerse al mismo tiempo. Algunas personas lo prueban como postre. En este caso, debemos calcular la cantidad correctamente para evitar una saciedad excesiva y nadie se coma el segundo o tercer queso. Si lo usamos como postre, lo podemos combinar con fruta, y si lo usamos como entrante, la mejor opción es el pan o las galletas saladas.

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